Todo cuanto encontréis aquí escrito - salvo lo especificado - son retazos de mi caótica mente, fragmentos de vidas pasadas, de mi presente, o del presente de algún alma errante imaginado.

Así mismo, las imágenes que son publicadas junto a los textos, también son de mi cosecha, excepto algunas al comienzo del blog. Suelo dejar una pequeña referencia debajo de las mismas.

Por favor, no toméis nada prestado sin avisar. Gracias. Puedes contactar conmigo a través del correo electrónico: nodisparenalapianista@gmail.com

Un saludo, y ¡gracias por vuestra visita y comentarios!



Arpegios

viernes, 6 de enero de 2017

Towanda

Este año, mis regalos de reyes, llegan de la mano de unas bonitas alas nuevas con las que surcar mis sueños y propósitos, desafiando viento, marea y tempestades. Un plantel de musas, magia y fuerza donde antes habitaba el miedo; y lo que más me ha gustado: la motivación de seguir creyendo, creando y creciendo. 

sábado, 31 de diciembre de 2016

Time to fly

A pesar de mi ausencia este último mes, no quería empezar el nuevo año sin hacer un pequeño balance de lo que ha supuesto para mi este 2016. 

Lo cierto es que he escrito menos de lo que me hubiese gustado, bien por falta de inspiración, tiempo o motivación. No es algo de lo que esté orgullosa, ya que para mi siempre ha supuesto una válvula de escape, una forma de poner voz a mis pensamientos y también un modo de compartir otros puntos de vista, con otros rincones de literatura y magia. No estoy orgullosa porque siento que me he abandonado, que os he abandonado. 

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Los primeros meses de este año han sido difíciles: en mi fuero interno sabía que debía tomar una decisión que me carcomía por dentro y sobrevolaba mi mente con demasiada frecuencia. Esa decisión lo iba a cambiar todo para siempre y juro que traté de retrasarla todo el tiempo que me fue posible, para así, hacer acopio de valor y seguir luchando. No quería quitarme la venda, no quería dejar de estar ciega. Tenía demasiado miedo a aceptar la realidad, a darme de bruces contra ella; tenía miedo a precipitarme, a errar, a provocar sufrimiento. 

Supongo que al final llegué a ese punto de inflexión donde no podía seguir, simplemente, como si nada. También debía pensar en mi. Me estaba autoengañando y sentía que, en parte, estaba fingiendo un sentimiento que ya no me pertenecía y que de continuar, nos habría destruido completamente. 

Con la llegada del verano acabé una primera etapa de la que estoy orgullosa, ya que por primera vez siento que lo que estoy estudiando realmente me apasiona. En cierta parte estoy cumpliendo un sueño de mi “yo” adolescente y creo que voy por buen camino. 

Y con la llegada del verano, las vacaciones, las fiestas de los pueblos, el calor, las noches de planetas y estrellas fugaces, las amistades de siempre, las risas, las noches de chicas, los conciertos, las proposiciones indecentes, los labios rojos, el volver a bailar como si nadie me estuviese mirando, un cambio de look, sentirme más valiente, sorprenderme al descubrirme sin ansiedad, como si nunca me hubiese estrujado el pecho... 

En Octubre llegó a mi vida una pequeña bola de pelo inquieta y fiera, pero a su vez, llena de amor y cariño, que me robaría el corazón desde el primer momento en que nuestras miradas se cruzasen. Y quien diga que los gatos no son cariñosos, es que no tiene ni idea.

Noviembre se llenó de escapadas a la ciudad del viento, de celebraciones, de logros, de sentirme orgullosa de mi familia y amigos. Volví a tocar el piano, a leer, a ilusionarme por las pequeñas cosas, a hacer algo de deporte y a trabajar. Trabajar en algo que nunca me ha gustado y siempre he renegado porque nunca me he sentido capaz de hacerlo. Pero estoy gratamente sorprendida, contenta y animada. 

Y de nuevo diciembre. El año pasado decidí que 2016 iba a ser un año sin propósitos; pero me he dado cuenta, a lo largo de los meses, de que me falta “algo”. Creo que plantearse desafíos te ayuda a mejorar tanto personal como profesionalmente; te ayuda a esforzarte al máximo y dar lo mejor de ti. Tener unas metas fijadas, más o menos realistas, te ayuda a encontrar muchas veces esa motivación que a veces flaquea con el día a día. Además, la satisfacción que da llegar a fin de año y sorprenderte de que has cumplido más propósitos de los que te creías capaz en un principio, ¿qué?

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Si habéis llegado hasta aquí, muchas gracias. Espero que este 2017 esté lleno de nuevas aventuras que podamos compartir.

Un abrazo, 


¡Nos leemos!

sábado, 26 de noviembre de 2016

Desconectarse

Empiezas a darte cuenta de que algo va mal cuando te descubres desconectándote en silencio de todo lo que alguna vez te hizo latir. Te descubres presa de una desidia tan atroz que hace que todas las ganas mueran antes de ser, siquiera, imaginadas.

Empiezas a darte cuenta cuando el espejo escupe la imagen de una piel devorada por miedos y rencores. Cuando tu mirada se asoma al inmenso abismo por el cual se precipitan todos tus sueños. Cuando el invierno te abraza por la espalda y se funde bajo tus costillas, cuando las cicatrices vuelven a abrirte en canal, cuando te descubres esperando en el andén equivocado a un tren que nunca llegará.

Y es entonces cuando, nadando entre tanta oscuridad, te descubres más valiente que nunca: empiezas reconocer que algo va mal y que de seguir así, te transformarás en alguien que temerá mirarse a los ojos, por miedo a descubrir que se ha perdido para siempre.

viernes, 28 de octubre de 2016

Scars

(Fotografía de @lybelulae)
Hoy he soñado con un reencuentro:
había cariño y era sincero,
como una amistad que perdura a través de los años...
a pesar de los daños. 

martes, 4 de octubre de 2016

Querida Elendilae,

Prométete que este va a ser un buen año. Prométete que vas a aprovechar el tiempo, que vas a crecer como persona y como profesional. Sé curiosa e investiga, aprende todo lo que puedas: nuevos idiomas, ciencia, música, arte... Prométete que vas a salir de tu zona de confort, que vas a probar cosas nuevas, que te vas a atrever y que vas a ser valiente, aunque los monstruos sigan habitando debajo de tu cama. Prométete ser positiva, a pesar de las circunstancias. Prométete bailar como si nadie estuviese mirando; gritar, arañar, morder y sacarle la lengua a esta vida, a veces tan perra. Prométete conocer gente nueva, aprender de ellos y dejar que te descubran. Prométete cuidar de los tuyos, de los que siempre han estado ahí y de los que vendrán. No te rodees de personas tóxicas. Y sobretodo, prométete que vas a disfrutar y que te lo vas a pasar en grande.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Sempiterna

Se atrinchera aquí a declararse idiota, imbécil, tonta, loca. 

Han transcurrido seis años de silencio en los que los recuerdos se desdibujan vidriosos en el fondo de su corazón, o eso quiere hacer creer. Y aún puede jurar que tiembla y se deshace en un mar de lágrimas si regresa a un futuro que nunca existió. Vuelve la rabia, la tristeza y el vacío; un sueño repleto de sombras y monstruos. Y también la intensidad con la que latía. 

Se atrinchera aquí a declararse todavía rota. 

Guarda la página casi en blanco de un capítulo que nunca ha querido cerrar, aunque se corte cada vez que pose su dedo sobre ella. Y todavía sangra. Guarda la espina clavada en una parte de su corazón que aún se retuerce de dolor si evoca su recuerdo. 

Todavía no sabe las razones por las que él nunca dejó claro si sentía lo mismo o por el contrario no sentía nada. Cree que le desbordó y que eligió el camino más fácil para salir ileso de aquella batalla: aquel que se ocultaba tras el silencio, el frío y la distancia, y seguir como si nada, como si nunca se hubiesen conocido.

Quizá por eso no deja que sus heridas cicatricen, porque sigue siendo un océano de preguntas sin respuesta. Porque no puede soportar la idea de que quizá no fue nada para él, cuando lo fue todo para ella. Porque no puede aceptar los remordimientos de haber abandonado el barco antes del naufragio, de romper la promesa de que estaría ahí para siempre: su lado más irracional hubiese preferido hundirse hasta verse con los pulmones encharcados. Supongo que el instinto de supervivencia fue más fuerte y tiró de ella hacia la superficie antes de tocar fondo.

Se atrinchera aquí para declararse enferma de un (des)amor enquistado.

Hubiese preferido la verdad a bocajarro y así tener una excusa para odiarle. Es más fácil que reconocer que, a pesar de todo, le querrá para siempre.


domingo, 25 de septiembre de 2016

Melodía Inacabada

Apartó la vista de la página que estaba leyendo; aquella historia le había atrapado completamente por la forma en la que estaba escrita, por los detalles, las descripciones... Se dio cuenta de que hacía mucho tiempo que no veía la vida de aquella forma, con todos esos matices, luces y sombras. Se dio cuenta de que hacía mucho tiempo que había dejado de vibrar en sintonía con la naturaleza, de contagiarse de esa fuerza y de los pequeños detalles que hacían que todo mereciese la pena. 

Lo cierto es que hacía mucho tiempo que no sentía nada parecido a la inmensidad, que estaba por estar, arrastrándose a través del tiempo perdido y a la vez inmóvil, mera espectadora de su propia existencia. 

Echaba de menos que la vida le mordiese las entrañas, la luz crepuscular abrazándole por la espalda, el frío lamiéndole las cicatrices, llenarse los bolsillos de propósitos, la poesía de una sonrisa desconocida y fugaz, las manos suaves, su corazón latiendo arrítmicamente contagiado de carcajadas, sentirse valiente e inocente, misterio, fuego y hielo, silencio... 

Echaba de menos buscar, dejarse encontrar, mostrar su cara oculta, imaginar noches de niebla y estrellas, los susurros atropellados y temblorosos de sombras recortadas contra la pared, de volar sin salir de una caricia...

Echaba de menos el ruido de sus propias pisadas tratando de hacer temblar el mundo, de romperlo en mil pedazos, de deshacerlo en polvo y renacer como nunca, como siempre, como una melodía inacabada...